La Sala II de la Cámara Civil y Comercial de Concepción, revalidó una sentencia que condenaba a un banco a responsabilizarse luego de que uno de sus clientes sufriera una estafa con modalidad “phishing”. La entidad “deberá pagar una considerable suma en concepto de daño moral y punitivo”.

De acuerdo a la información judicial, fue el propio usuario, quien reveló sus datos personales a los estafadores que se contactaron con él a través del Marketplace de Facebook. Luego, los delincuentes, solicitaron dos préstamos a nombre del denunciante por una suma cercana a los $700.000. Ante esto, el banco intentó correrse de la situación y el damnificado les inició un juicio por “daños y perjuicios”.

Sin embargo, la Justicia determinó en una primera instancia que “la entidad bancaria no puede pretender desentenderse de la situación con solo alegar que el actor/ consumidor reconoció haber sido víctima de phishing y que ello ocurrió por su exclusiva culpa. Bajo la tutela judicial efectiva que ampara al consumidor, no puede permitirse que con tanta liviandad el proveedor sortee la responsabilidad que pueda corresponderle en la ocasión”.

De esta manera, la sentencia exigió al banco a que “cumpla con el contrato de caja de ahorros y que lo indemnice por los daños sufridos”. Por su parte, desde la institución bancaria solicitaron apelar la sentencia, pero “la Sala II de la Cámara de Civil y Comercial Común del Centro Judicial Concepción no hizo lugar al recurso”.

La explicación del fallo

En el fallo, las magistradas María José Posse y Mirtha Ibáñez de Córdoba detallaron que “la obligación de seguridad que deriva de la relación de consumo, impone a la entidad bancaria extremar las medidas de seguridad para evitar los previsibles y reiterados ataques y fraudes informáticos”. “El banco, al ofrecer a sus clientes un nuevo modo de relacionarse comercialmente con él, debe procurar como mínimo la misma seguridad que si tal operatoria se realizara personalmente”, concluyeron.